ACERCAMIENTO A LA SPACE OPERA" DE VÍCTOR PEREIRA
Finalizando septiembre damos un cordial recibimiento a nuestro espacio literario y comunidad internacional al joven escritor hondureño: Víctor Pereira. Víctor es un reconocido escritor de ciencia ficción, ha participado activamente en espacios culturales como la Feria del Libro del Centro Cultural de España en Tegucigalpa (CCET), entre sus obras se encuentran: «El Protón del Átomo en la Piedra Azul».
Este día presentamos el cuento: "Créditos Honorables" que forma parte del libro de cuentos de ciencia ficción denominado: Cuentos de fotones. Esperamos sea de su agrado.

CREDITOS HONORABLES
Juan Carlos Peralta era el nombre del hondureño causante del mayor desastre en la historia de la astronomía y de los viajes espaciales. Fue odiado tanto por el estudiante de primer ingreso como por los más altos gremios científicos del mundo. Por suerte, tenía familia en un pueblo lejano en la comunidad de Santa Bárbara, en donde el acceso a internet era casi inexistente, una semi ciudad fantasma llena de casas abandonadas por la migración; así desapareció del radar por aproximadamente 8 años. Por su salud mental tomó la mejor decisión y, a decir verdad, fue el mejor consejo que pudo aceptar pues todo el planeta 10 odiaba.
Primero hay que analizar los hechos. Artemis 3, hace 10 años, exactamente el 10 de abril del año 2029. La BBC, quien tenía como reportero a Oliver Jones en la rueda de prensa oficial de la NASA, tuvo la penosa primicia gracias a que Oliver, por su mal carácter, peleó el micrófono con todos los demás medios. No pudo acercarse y, en su frustración, se retiró del grupo, quedando cerca de uno de los miembros de la mesa principal. Por mala suerte para Juan Carlos, el micrófono permaneció encendido el suficiente tiempo para que el odio mundial escuchara al encargado en jefe de la seguridad aeroespacial decir: "Y todo esto por culpa de ese tal hondureño, no sé a quién se le ocurrió la brillante idea de permitirle trabajar en el módulo lunar". Lo que pasó después es una historia aparte de la que podrían salir infinidad de libros. Esa declaración causó un movimiento de miles de millones de dólares en publicidad, pérdidas millonarias, demandas al Estado de Honduras, deportaciones masivas; Juan fue deportado y se le retiró la nacionalidad. Toda la comunidad latina fue excluida o discriminada en la NASA y en todos los departamentos gubernamentales. Fue increíble cómo eso causó todo un cambio estructural a nivel de contrataciones y funcionamiento burgués.
Daba pesar por Juan, pero sí era su culpa; gracias a él, 2 astronautas estaban muertos en otro planeta y otros 2 permanecieron por 10 días sobreviviendo en la Luna. También hay que agradecerle el hecho de que por ese "accidente" se lograron esfuerzos que, si no fuera por la emergencia, no se hubieran aprobado en mínimo unos 25 años. La hazaña fue grandiosa: en menos de 5 días ya había un Artemis 4 despegando de la Tierra y en 5 días llegó a recoger y dar todo 10 necesario a los astronautas: sueros, agua, comida. Diez días después, estos ya estaban aterrizando en la Tierra. Las muestras, los estudios que se hicieron posibles, las nuevas tecnologías, los nuevos manuales técnicos de supervivencia. Eso no quita el hecho de que hay 2 astronautas muertos, enterrados en suelo lunar. La primera sangre humana fuera de la Tierra.
Muchos decían que condenaran a Juan muchos años en prisión, pero la verdad es que, de no ser por el reportero de la BBC, la NASA 10 iba a tratar como un problema interno y se daría una declaración diferente, así que solo decidieron deportarlo. Ya no se le podía castigar más que con el repudio mundial.
Diez años después, Juan decidió salir a la ciudad con la idea de ver a sus amigos. Estos, en todo ese tiempo, 10 iban a visitar de vez en cuando y trataban de apoyarlo y hacer el esfuerzo por mejorar su ánimo. Claramente, Juan pasó de ser un ingeniero de la NASA a ganarse la vida de ayudante de obra y botándole la basura a sus vecinos. Y como le era costumbre se rellenaba de alcohol con el poco dinero que le sobraba.
Ese día se puso sus ropas más decentes, que eran pocas las que le quedaban; se bañó, se afeitó y así se fue. Llegó de noche al restaurante, tapado por un suéter con gorro y en la mesa más alejada. De uno a uno llegaron sus amigos y empezaron a platicar.
—Axel, ¿recuerdas la planta? — Le dijo Raúl intentando romper el hielo.
Axel río y le respondió con una sonrisa que aguantó por 10 años; hace una década quería reírse de eso.
—EI mejor experimento de mi vida — dijo soltando carcajadas hasta lagrimear un poco —
Por esa planta saboteé las instituciones del Estado, aunque no me da pesar; yo pago eso con mis impuestos. Por esa planta casi me corren, me hicieron dos memorándum, contaminé las salas llenándolas de radiación, hasta le robé esa máquina con la que mi hermana secaba uñas.
En este punto empezaron todos a reír. Un grupo de 4 amigos se la estaban pasando muy bien. La comida llegó en ese momento: una pizza con orilla de queso y 4 limonadas. Juan quería una cerveza, pero no le permitieron pedir eso. El mesero entregó la pizza y trató de reconocer a Juan Carlos, pero no lo logró; este ya era más un alcohólico de la calle
que un Ingeniero aeroespacial.
Las risas continuaban y Elías interrumpió para contar su parte. Había recuperado el aliento después de casi ahogarse por las risas y, entre estornudos y toser, siguió la plática.
—Oíme, Juan, yo por ti robé platino y mi jefe me tuvo miedo por 6 meses; creyó que yo estaba haciendo metanfetamina en las bodegas de la empresa. EI tema es que, como es un miedoso, estuvo 6 meses agarrando valor para despedirme y enfrentarme diciéndome que le usé las instalaciones para hacer metanfetaminas y que, si podía llevarme eso a otro lugar, que me iba a pagar las prestaciones —Elías se seguía ahogando a medida que contaba—. Tuve que contarle al muy tonto qué es lo que estaba haciendo. A1 final no me despidió, pero sí me hizo un memo y me dijo que dejara de hacer eso ya en sus bodegas; la verdad me dio igual, ya había terminado.
Luis se incorporó a la plática. —Pero no 10 hubieras logrado si no te estuviera guiando —dijo viendo a Elías. —Estos ing. químicos se creen la gran cosa —respondió a Elías, un poco serio para aparentar que se había ofendido, cuando en realidad se moría de risa.
—Bueno, estuvo genial la verdad —continuó Luis—. Ya me había aburrido de estar haciendo como 300 productos de la caña de azúcar, pero llegó este Juan a revolverlo a uno y sí me divertí. Ahí me tuvo invirtiendo como medio millón solo en lograr una guía de secuencia de cómo íbamos a aprovechar toda la materia que íbamos a usar.
—Me hubiera gustado que lo lográramos —dijo Juan mientras bebía la limonada pensando que era alcohol.
—Hey, pero estuvo divertido.
—Sí, nos la pasamos bien.
—Tuvimos mala suerte, hermano, eso es todo, pero estamos vivos y además pusimos a trabajar a todo un continente.
La reunión en sí no era solo para reírse. Ya tenía 36 horas de haber aterrizado la Artemis 5 y los astronautas iban a salir transmitiendo a todos el tercer alunizaje.
Decidieron decirle al encargado del local que pusiera ese canal hasta ese momento, porque todos sabían que los minutos anteriores los iban a dedicar a hablar de los mártires de la Artemis 3. No era necesario ver el programa para saber qué iban a decir; tenían una década escuchando cómo el módulo explotó, quemando a dos astronautas, cómo el hondureño encargado había saboteado el sistema de residuos generando burbujas de metano que llenaron el vehículo, cómo todo el planeta en vivo había visto cómo salía una Ilama de fuego por todas las cámaras internas que se hicieron negras. Había libros de los astronautas sobrevivientes contando cómo vieron a Juan siempre con desconfianza. Todo eso se habían saltado los amigos y le pidieron que subieran el volumen, y Mike Smith salió. Era el mismo que había sobrevivido de Artemis 3 y, para impresión de nadie, dio unas palabras en nombre de sus compañeros que perdió. Su voz se quebró y mencionó que, gracias a sus sacrificios, innecesarios y en pos de la ciencia, la humanidad estaba muchos pasos más delante de lo que se hubieran imaginado.
De pronto Mike dejó de hablar. En la cámara no se miraba nada, pero este dijo que miraba una luz brillante como un espejo a lo lejos.
—Confirme, no vemos nada, repito, no vemos nada.
—Es una luz como si fuera el reflejo de un vidrio —dijo Mike.
—No ha de ser nada, continúe —respondieron en Tierra.
—Negativo, sé que es algo, iré a investigar.
—Señor, no lo haga, siga con la misión.
—Anotado dijo Mike.
—¿será que sí funcionó —dijo Elías.
—No bromees así, por favor —respondió Juan.
—Oigan, ¿y si funcionó? —dijo Axel viendo a todos con seriedad.
Todos dejaron de comer y movieron las sillas para ver más cómodos la televisión, esperando que Mike regresara la mirada a la luz que emitía el reflejo. Mike seguía ignorando la luz y continuaba con su trabajo. Reemplazó la bandera y dejó unas flores de metal donde yacían los cuerpos de sus compañeros muertos. Colocó la primera y por el micrófono se escuchaba como si lagrimeara; se levantó y dejó la otra flor en la otra posición, donde se había colocado una placa conmemorativa del otro astronauta.
EI tema es que la flor brilló en la dirección en donde Mike había visto el reflejo. Este dejó la flor y quedó observando a lo lejos; se había detenido a querer enfocar.
—iNo puede ser! —gritó Mike.
Los del restaurante que miraban la televisión se habían detenido todos a ver qué pasaba. Mike empezó a correr a saltos en esa gravedad lunar mientras gritaba "no puede ser" una y otra y otra vez. EI veía algo que la cámara no podía ver; los científicos en Tierra le decían que se explicara y él seguía gritando una y otra vez mientras corría y se alejaba metros del módulo. Sus compañeros lo veían hacerse pequeño a lo lejos.
Mike se acercaba a una cueva. Nadie sabía nada y todo el planeta estaba expectante de qué sucedía. A medida que se acercaba, se presentaba la cueva oscura y un reflejo rebotando en Mike. Este llegó ahogado a la extraña caverna, se apoyó de sus rodillas para agarrar aliento y en eso levantó la mirada y con él la cámara.
Todos los continentes, los países, las ciudades, los hogares del planeta, todas las familias, las instituciones más importantes y los mercados más pobres. Todos, tarde o temprano, se iban a enterar de lo que Mike vio ahí. En el restaurante se paralizaron. Juan se levantó y se acercó al televisor; no se había dado cuenta, pero estaba rodeado de cada uno de los empleados y clientes. Se habían metido al local como 25 personas y todos aglutinados vieron lo mismo que Mike.
La caverna, de no más de 60 metros de largo por 10 de alto, estaba repleta de plantas verdes. Mike se acercó y notó que caía un rocío, que había atmósfera. Se agachó y notó que volaban insectos sobre las pequeñas flores de algunos ejemplares.
Estaba anonadado, no sabía cómo reaccionar. Juan se bajó el gorro del suéter y dio un paso más al frente; sus amigos le pusieron las manos en el hombro.
Mike encontró el origen del reflejo: era un robot del tamaño de un gato. Cuidaba las plantas y se movía haciendo multitud de tareas hasta que pasó frente al astronauta. Todo el planeta vería lo mismo que Mike. En el lateral del robot había cuatro nombres con sus apellidos:
Juan Peralta
Luis Colindres
Elías Sánchez
Axel Izaguirre



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